Se ha hablado mucho recientemente del término 'personas tóxicas', pero ¿sabemos qué significa en realidad?

Lo cierto es que no deberíamos hablar de personas tóxicas como tal, sino de relaciones tóxicas. ¿Por qué? Muy sencillo, porque para que exista una persona con comportamientos así debe existir otra sobre la que se ejerzan. En una relación tóxica son dos las personas que se encuentran atrapadas y ninguno de ellos puede romperla. Al menos una de las partes está sufriendo, agotándose y sintiendo cómo merma, no solo su autoestima, sino también sus capacidades como consecuencia de mantenerla.

Lo más habitual es que en ambos casos, la persona tóxica y la persona toxificada, no se den cuenta de lo que está ocurriendo hasta que ya se ha experimentado un sufrimiento importante. Por eso la persona toxificada solo es capaz de detectar el problema cuando su personalidad está siendo anulada y las emociones se encuentran gravemente dañadas. Si hubiera que compararlo con algo esto sería una adicción, ya que se es consciente de ello cuando ya ha generado un profundo daño en la persona.

¿En qué se basan entonces este tipo de relaciones? Pues en una dinámica muy clara: necesidad y poder. Las necesidades pueden darse por ambas partes, pero el poder acaba solo en manos de una. De hecho, es al principio cuando más claramente podemos verlo. El tóxico y el toxificado cubren cada uno necesidades del otro, lo que desencadena el "engache emocional". Y el primero, que es quien tiene verdaderamente el poder, empieza a alimentar esos comportamientos controlando la situación y dañando a la otra persona. Pero ojo, estos roles no se aplican únicamente en las relaciones de pareja. Podemos encontrar personas tóxicas en el ámbito profesional, familiar y personal y por eso es tan importante saber reconocerlas y tratarlas adecuadamente.

Pero ¿por qué se producen este tipo de relaciones? Lo cierto es que ambos tienen déficits que facilitan caer en esta dinámica. Las personas tóxicas no son valientes ni tienen buena autoestima, de hecho, en muchas ocasiones, su complejo de inferioridad les lleva a controlar a otros para intentar cubrir sus carencias. En el caso del toxificado, sus déficits le llevan a creer al principio que es una buena relación, ya que ambos se aportan algo que necesitan. O, por explicarlo de otro modo, que ambos se complementan.

Hablemos entonces de lo más importante, una vez que hemos caído en una, ¿cómo podemos salir de una relación tóxica? La autoestima, la autoconfianza y la autoimagen serán la base sobre la que hay que trabajar para ser capaces de abandonar este tipo de relaciones. Evidentemente, los trastornos de la personalidad son complejos y las relaciones personales únicas y particulares. Pero, por lo general, conocerse y empoderarse son pilares fundamentales para tomar buenas decisiones. Lo más “sensato” sería salir corriendo, aunque esto no siempre será fácil.

También hay que aclarar que las personas tóxicas no exhiben ese comportamiento con todo el mundo, sino con "quien pueden". Es decir, que aunque hayamos caído en la trampa y nos hayamos visto toxificados, un cambio dentro de nosotros mismos podría ser la clave para que abandonemos ese rol. Los parásitos, vampiros emocionales y demás personas tóxicas no tienen poder sobre alguien fuerte y equilibrado que gestiona bien sus emociones, conoce sus límites y tiene una buena imagen de sí mismo. O al menos no tienen tanto poder. El autoconocimiento puede conducirnos a un cambio de pensamiento y, cuando esto se produzca, podremos cambiar nuestra realidad.

Desde Centro Corpore queremos ayudarte, no solo a tratar tu salud física, sino también emocional. Nuestras sesiones de coaching y autoconocimiento pueden ayudarte a descubrir esos puntos débiles de tu personalidad que deberías trabajar y también cuáles son tus fortalezas y cómo puedes mejorarlas. Pero, más importante, te ayudarán a descubrir quién eres y, gracias a ello, mejorar en todos los ámbitos de tu vida.

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