Os explicamos qué hábitos o rutinas provocan las malas posturas y cómo podemos cambiarlos

La llegada del COVID a nuestras vidas ha supuesto un enorme cambio en hábitos y rutinas, aunque hoy nos centraremos en los efectos del sedentarismo forzoso. Concretamente, en las malas posturas causadas por el teletrabajo y tener un estilo de vida casi totalmente restringido al entorno del hogar y lo que eso supone para nuestro cuerpo.

Las causas que más rápido vienen a nuestra mente cuando pensamos en por qué nos duele la espalda suelen ser la falta de deporte, tener que trabajar, en la mayoría de los casos de forma improvisada, con el mobiliario que teníamos por casa (en una silla cómoda para un rato pero no para pasar largas jornadas de trabajo) y la reducción de las salidas y compromisos sociales. Incluso podríamos valorar que las nuevas tecnologías (móviles, ordenadores, tablet...) también tienen un porcentaje importante de culpa. Algo tan simple como la postura que adoptamos al coger el móvil o la forma de sentamos frente al ordenador puede acabar produciendo una contractura.

Pero ¿hemos pensado en el papel que juega nuestro estado emocional?

Las emociones negativas no son solo un problema a nivel mental, sino que pueden repercutir directamente sobre el estado físico. Estos meses han sido tremendamente duros para todos y es normal que nos sintamos abrumados por la situación. No poder salir de casa, mayor presión en el trabajo (por tener que hacerlo desde casa y echar más horas, ya que había menos personal), la falta de nuestros seres queridos... Son factores más suficientes para sentirnos angustiados. Y nuestro propio estilo de vida solo contribuye a aumentar esa sensación. Vamos corriendo a todas partes, con una constante sensación de presión y agobio, y acabamos contagiándoselo a todas las personas que nos rodean. E incluso cuando nos permitimos pequeños descansos (ni por asomo suficientes) nos sentimos culpables por habérnoslos tomado, alimentando todavía más ese malestar.

Y al igual que las causas, las consecuencias tampoco se limitan al estado físico. Los síntomas más conocidos de las malas posturas son las contracturas y los dolores en los músculos del cuello, espalda o piernas. Sin embargo, si no son tratados adecuadamente, pueden derivar incluso en ciáticas, distensiones musculares o lesiones más importantes. Pero hay muchos más efectos de los que apenas somos conscientes. Dolores de cabeza, ya sean cefaleas producidas por el estrés u otros más persistentes, mareos, vértigos, bruxismo (una patología que sufren muchas personas y de la que apenas se habla: consiste en apretar la mandíbula o rechinar los dientes de manera inconsciente), insomnio... en resumen, una lista más larga de lo que nos gustaría.

Pero ¿qué podemos hacer para evitar esas malas posturas? Alterar de un día para otro nuestros hábitos y rutinas es tremendamente complicado. Pero con algunos cambios mínimos podemos evitar al menos una parte de estos inconvenientes:

  • El deporte. Un paseo diario de 30 minutos puede ayudarnos, no solo a perder peso, sino a relajar y estirar los músculos después de la jornada laboral. Incluso realizar unos cortos estiramientos, durante 2-3 minutos cuando nos despertamos, es suficiente para activar el organismo y disminuir la tensión muscular con la que nos levantamos. Eso sí, debemos recordar que también hay que hacerlos después del ejercicio, aunque solo hayamos salido a caminar, para prevenir contracturas o lesiones.
  • Hacer actividades como el yoga o el pilates, supervisado especialmente si no conocemos las posturas y ejercicios, para evitar lesiones por malas posturas precisamente.
  • También es importante realizar ejercicios para la mente. El mindfulness, la meditación o los paseos en la naturaleza para activar la circulación y reducir el estrés, principal causa de tensión cervical.
  • Dormir adecuadamente. Sabemos que es muy complicado, por no decir imposible, no moverse por las noches. Aunque una almohada y colchón adecuados o ponerse ropa cómoda son cosas sencillas de hacer y que pueden mejorar drásticamente la calidad de nuestro sueño.
  • Hidratarse es el hábito más sencillo y más eficaz. Cuando los tejidos blandos están hidratados, los músculos se contraen y relajan con mayor facilidad. Es más, vuelven antes a su estado natural en reposo y no sientes dolor. El simple hecho de encontrarnos deshidratados genera retención de líquidos, digestiones más lentas y pesadas, gases, hinchazón y dolor de cabeza o dolor muscular.
  • Corregir las posturas. Doblar las rodillas para coger peso o intentar dormir boca arriba pueden ayudar enormemente a evitar las molestas contracturas.
  • Aplicar calor seco (con una manta eléctrica o un saco de semillas) durante 10-15 minutos en la zona donde habitualmente notemos tensión
  • Sentarse adecuadamente en la silla. Muy relacionada con la anterior, pero que merece su propio apartado. Lo ideal es apoyar totalmente la espalda en el respaldo, mantener la mirada recta, la cabeza en alto y los hombros relajados. Pero también es importante plantar los pies en el suelo y colocar la silla a una altura adecuada.
  • Levantarnos a estirar las piernas cada 2-3h o a dar un pequeño paseo si tenemos que trabajar de pie, de manera estática, en un mismo lugar.

¿Y si todo esto no funciona? Bien, en ese caso es el momento de acudir a un buen profesional. En Centro Corpore queremos ayudarte. Lo primero es realizar una valoración adecuada, analizando la zona afectada, para dar con el tratamiento ideal y evitar molestias más complicadas. Después, hay que localizar el punto donde estás sufriendo daño y aliviar la tensión de la manera más eficaz con un masaje terapéutico. Lo ideal sería acudir periódicamente (una vez al mes o cada mes y medio), para que no resulte molesto y prevenga posibles lesiones. O recurrir a otras técnicas preventivas, igualmente útiles y muy interesantes, como:

  • Los masajes relajantes (como por ejemplo la aromaterapia) que se ocupan de nuestro estado emocional y nos permiten disipar los sentimientos negativos. Y nos conceden ese pequeño (y tan merecido) rato para descansar y centrarnos en nosotros mismos.
  • La auriculoterapia. Una técnica derivada de la medicina tradicional china que se centra en el cartílago auricular para estimular las zonas reflejas del cuerpo.
  • La reflexología podal. Este tratamiento alivia el estrés, se ocupa de manera refleja de todo el organismo, reduce la tensión y el dolor de cabeza y mejora la calidad del sueño.

Dolor de espalda, contracturas, ciática, lumbalgia, cervicalgia, adormecimiento de manos, migraña, bruxismo... son problemas que podemos evitar y estamos a tu disposición para ayudarte. Vivir sin dolor es posible.

¡Te esperamos!

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